En Playa del Carmen, Quintana Roo, entre 2024 y 2026, los nuevos diagnósticos de VIH aumentaron 28,9 %. Rudolf Geers, presidente de la organización Vida Positiva Playa, confirma este incremento y lo vincula con la reticencia de los servicios públicos a entregar recetas de forma oportuna, tal y como lo documenta en un reportaje de Animal Político.
A esto se suma otro problema grave. Los programas de Profilaxis Preexposición, conocidos como PrEP, fallan por prejuicios médicos y falta de capacitación. Aunque los tratamientos antirretrovirales avanzan en el mundo, la mortalidad por VIH en fase avanzada apenas ha bajado entre 10 y 20 % en la zona.
Fallas dentro del sistema público para el tratamiento del VIH
El Hospital General de Zona No. 18 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) concentra buena parte de las críticas. Años atrás, la institución contaba con médicos especializados que iniciaban el tratamiento antirretroviral en dos o tres días. Hoy la dinámica cambió por completo.
Geers explica que las autoridades del hospital limitan la atención a la simple entrega de recetas. Esa decisión elimina la consulta clínica integral y rompe el seguimiento entre pacientes y personal médico.
El esquema PrEP tampoco funciona como debería. Médicos familiares sin preparación técnica asumen su entrega y las personas usuarias enfrentan juicios de valor durante la consulta. Según Vida Positiva Playa, la mitad de quienes están en este esquema no toma el tratamiento correctamente por instrucciones erróneas.
El desconocimiento agrava la situación. Solo entre el 20 % y el 25 % de los hombres que tienen sexo con hombres saben que el PrEP es gratuito en el IMSS. Muchos tampoco acuden por las extensas jornadas laborales del sector hotelero.

Desinformación y falsa sensación de seguridad
El activista señala otro factor detrás del aumento de casos: la percepción de riesgo ha caído. Antes, buena parte de la población reconocía estar expuesta a un riesgo alto. Ahora, la mayoría cree que el riesgo es bajo o nulo, incluso sin protección.
Geers recuerda las cifras oficiales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. La transmisión por sexo anal receptivo, la práctica de mayor riesgo, ocurre en promedio una vez por cada 70 encuentros sin protección. Esto demuestra que la vulnerabilidad responde a la eficiencia biológica de esa vía de transmisión, no a la promiscuidad, como suele creerse.
El activista también documenta un aumento de diagnósticos entre mujeres jóvenes, muchas veces vinculado a la práctica del sexo anal como forma de preservar la virginidad vaginal.
Estigma y trabas históricas
El rezago actual tiene raíces antiguas. Desde 2008, Geers ha identificado fallas en la capacitación oficial sobre consejería y manejo emocional tras un diagnóstico. Además, el municipio negó por años permisos para instalar módulos de detección, priorizando la imagen turística de la región.
El estigma social continúa hoy en redes sociales, donde los comentarios de odio obligaron a la organización a dejar de publicar sus jornadas de tamizaje. A esto se suma la baja efectividad de las comisiones de derechos humanos, que según los usuarios no resuelven los casos de desabasto ni de discriminación médica.
Ante este panorama, Geers insiste en una recomendación clara: hacerse la prueba de VIH al menos una vez al año. La detección temprana sigue siendo la herramienta más efectiva para proteger la salud y la vida.

